Una Estadística para la gente.
Inolvidable Discepolin.
Al nivel social, nuestro universo político está poblado exclusivamente por mitos y monstruos; Todo lo que contiene es absoluto y entidades abstractas.
La fuerza de la costumbre nos va agobiando lenta e inexorablemente. Lo que nos pareció terribleen un momento, y fue causa de temor y repudio, cuando perdura y permanece indiferente a todos esos sentimientos nuestros, se convierte enalgo natural, corriente, habitual, casi propio. De estar en nuestra vida siempre ahí, aunque espantoso, nos acostumbramos a mirarlo y a estar cerca. Sin temblores, sin náuseas.
Nos pasa con los crímenes más horrendos, nos pasa con las personas más repudiadas, nos pasa también con el INDEC. Ya no nos duele tanto. Cuando tocaron el IPC, nos rebelamos y, cada uno a su manera, protestamos. Ahora que es el turno del Censo solamente circulan curiosidades sobre como se puede ser censista o se dan charlas explicando los avances del Censo en fechas que merecerían más respeto. ¡Como si el Censo fuera una pieza menor y el IPC la esmeralda perdida!
Hace yatiempo que el tiempo hizo su trabajo, y las ofertas de empleo del INDEC fueron irresistibles por necesidad o por la ambición de quienes creen que su carrera se enriquece y potencia en un lugar así. Donde la anomia permite ocupar los sillones que fueron despojados a quienes protestaron, reclamaron o simplemente no aplaudieron.
En estosdías se discuten los proyectos de ley que pueden normalizar el INDEC. Los legisladores deberían apurar el trámite, porque puede ocurrir que decidamos que normal es como están ahora las cosas. Porque nos da trabajo, nos ilusiona con un nuevo "plan Censar". ¡Qué bárbaro!, ¿no?
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Está bueno el INDEC. Por ahí tenía razón el Secretario Oscuro. Había que partirlo por el medio, para ver la perla que escondía dentro, como una ostra.
Minimum wage rates raised in a bid to narrow nation's wealth gap
BEIJING - Despite the government's efforts to deepen reform of the income distribution system, there are still many challenges and obstacles, analysts said.
A total of 23 provinces, regions and municipalities in China raised their local minimum wages in the first half of this year, according to the Ministry of Human Resources and Social Security.
Some provinces, such as Hubei, Hunan, Shandong and Guangdong, have increased their rate more than 20 percent, and Shanghai has the highest monthly minimum wage in the country - 1,120 yuan ($165.40).
The restructuring of national income distribution has increasingly gained the attention of the nation's leaders as China's Gini coefficient, a main gauge of income disparity, surged to 0.47 in 2009, exceeding the "security line" of 0.4, indicating that unequal income distribution could cause social unrest.
Premier Wen Jiabao said in his 2010 government work report that the income distribution system was an "important manifestation of social fairness and justice and a major factor in boosting domestic demand and narrowing the income gap".
"We will not only make the 'pie' of social wealth bigger by developing the economy, but also distribute it well on the basis of a rational income distribution system," Wen said.
The nation's plan to reform the income distribution system is expected to be unveiled in the second half of this year, according to an article published on the website of the National Bureau of Statistics in late July.
However, experts pointed out that an increase in the minimum wage could be a double-edged sword.
"A hike in the minimum wage is an important government initiative intended to improve the living standards of ordinary people," said Li Shi, director of the Income Distribution and Poverty Research Center at Beijing Normal University.
"But it may also have negative consequences, especially for small- and medium-sized enterprises with thin profit margins," he said.
Still, ultra-high incomes in the country's monopoly industries have long been a source of public dissatisfaction.
The first salary survey of all types of enterprises by the National Bureau of Statistics has indicated an ownership-based disparity in income distribution.
The survey showed that the average annual salary in the non-private sector, especially State-owned enterprises (SOEs), rose 12 percent to 32,736 yuan last year. In contrast, the average annual salary in the private sector rose only 6.6 percent to 18,199 yuan.
The fact is that the average income at monopoly industries, such as telecommunications, finance, insurance and power, is two to three times that of other industries in China.
Premier Wen said in the government work report that China will accelerate the reform of monopoly industries to facilitate fair competition between private enterprises and SOEs, and set strict standards for the incomes of executives of SOEs and financial institutions.
The Ministry of Human Resources and Social Security said in a report in late June that the Chinese authorities are considering putting a ceiling on the total amount of salaries distributed at SOEs.
"To press ahead with the long-anticipated reforms of the current income distribution, the government should take concrete steps to improve people's livelihoods as a key way to boost domestic consumption and try to construct a social security network," said Qi Jingmei, a senior economic analyst with the State Information Center.
"As people's living conditions improve, they have mounting expectations for the construction of a well-developed social security network and better development in other social aspects, including employment, housing and healthcare," Qi added.
Ser empírico no significa dirigir un laboratorio en el sótano de tu casa: se trata simplemente de una mentalidad que favorece una determinada clase de conocimientos sobre otros. Yo no me prohíbo utilizar la palabra causa, pero las causas de que hablo aquí son o bien especulaciones osadas (y expuestas como tales), o bien el resultado de experimentos, no historias.
que se expresa en un tono y un fondo de crispación.
«Aquel a quien los dioses quieren destruir,
primero lo vuelven loco.»
Un poco pasada la mitad del año, hacia fines de julio, celebramos el Día del Estadístico, como homenaje a Carlos Dieulefait, nacido el 27 de julio de 1901 y fundador de la carrera de Estadístico Matemático, en la Universidad del Litoral en el año 1948.
En este año del Bicentenario, llegamos a esa fecha en medio de días muy agitados. Desde enero de 2007, las Estadísticas Oficiales, atraviesan una época oscura, caracterizada por el avasallamiento de las instituciones y el desconocimiento de la independencia profesional. En esas condiciones, el aniversario no puede ser celebratorio, sino que debe ser testimonial.
Todo saber incorpora un compromiso, ético y social, en defensa de valores y esperanzas que la sociedad deposita en los practicantes de esas artes. En cada campo: salud, educación, derecho, estadística, ingeniería, el pueblo confía en sus campeones. En aquellos que llevan adelante el combate, sosteniendo en alto la insignia de todos: la verdad.
Los Estadísticos estamos en medio del más fragoroso conflicto jamás producido en nuestro campo, que supera cualquier otro episodio histórico que se recuerde. Es un trance que sacude todo el andamiaje de nuestro pensamiento y acción. El desafío nos impone salir a campo abierto, abandonando el seguro refugio de gabinetes, laboratorios o bibliotecas, y abrirnos a la gente, haciéndonos cargo de lo que pasa, advirtiendo sobre los daños y perjuicios resultantes y sobre todo, devolviendo la esperanza.
Debemos forzar nuestro lenguaje, habituado a expresarse en charlas de cofradía, para que tenga sentido y significado para la gente común. Los sutiles y complejos encadenamientos algebraicos se tienen que convertir en expresiones que tengan significado en la vida de las personas, más que en el mundo surrealista de las matemáticas.
Algo nuevo y mejor surgirá después de este doloroso parto. En el Congreso se trabaja y discuten los contenidos de una nueva Ley de Estadística. Aunque a los proyectos les falte mucho para constituirse en garantía y plan de acción, en camino hacia el futuro, constituyen los primeros pasos, de una marcha que sin duda, será larga y azarosa.
El servicio a prestar exige superar un ambiente mediocre, oscuro y reaccionario, evitando despeñarse en un primitivismo radical y sectario.
Pero no solo se trata de cierto novedoso activismo, en el que tenemos que participar. También nuestra disciplina se encuentra en una especie de Renacimiento, después de décadas de ensimismamiento. La mirada se ha vuelto a los datos, abandonando la contemplación arrobada de los teoremas. Pero también se abandona la creencia fundamentalista, de que los datos siempre contienen la respuesta.
Por una de esas coincidencias que escapan a nuestra lógica lineal, el 26 de julio se recuerda la muerte de John Tukey, un gigante de la estadística, responsable en gran medida del nuevo rostro que ésta ha comenzado a mostrar, en las últimas décadas.
Resulta oportuno mencionar un extraordinario documento que el publicó en 1986, bajo el titulo de "Sunset Salvo" (Salva al atardecer). Son 5 páginas que resumen 4 décadas de protagonismo central en la práctica y la teoría estadística y al mismo tiempo se proyectan hacia el futuro, anticipando las circunstancias de hoy, un cuarto de siglo después.
Si tuviéramos que resumir sus ideas en ese testamento estadístico, podríamos decir que es un alegato contra la soberbia, la "hybris" que castigaban los dioses, como se refleja en la frase:
"Dadme los datos (o mas probablemente, "dénselos a mi asistente"), ¡y yo les diré cual es la respuesta real!"
En lugar de eso propone una convocatoria a la humilde disposición a cooperar con la gente que tiene problemas, para que puedan hacer mejor uso de los datos para resolverlos.
Me gustaría agregar a esas recomendaciones, la denuncia de otra amenaza que se manifiesta en nuestros tiempos.
Proviene de la manipulación y de la obediencia intelectual impuesta desde el poder, para que nuestro trabajo sirva a intereses ajenos a la verdad, destruyendo la búsqueda del conocimiento y quebrando moralmente a quienes se resisten.
Si no lo logran, la persecución y el escarnio irán tras de quienes se sienten sujetos por la ética de una vocación.
¡Vaya por ellos nuestra Salva al Atardecer, aquí y ahora!