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29 marzo 2018

¿Qué Ley de Estadística debe darse la democracia?

Una reparación impostergable

La Democracia merece su ley de Estadística, después de más de 50 años transcurridos bajo la matriz acuñada por la dictadura, en 1968.
La democracia y la estadística son interdependientes y el desarrollo de cada una está sujeto al destino de la otra. La estadística pública solamente prospera en un clima democrático, abierto y tolerante. Pero la democracia tampoco se consuma si sufre la carencia estadística, que le impide conocerse y poner en práctica los modos razonables de argumentación que le son propios, sostenidos en la fuerza de la evidencia de los hechos más que en la enjundia de la elocuencia retórica.
“Sin información veraz y confiable los sistemas democráticos palidecen.”, dijo Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la CEPAL, con ocasión de la quinta reunión de la Conferencia Estadística de las Américas.
Las estadísticas desempeñan un rol significativo en la gobernabilidad ya que proveen datos clave para evaluar la rendición de cuentas y la transparencia de las decisiones públicas. Su perfeccionamiento es esencial para el buen funcionamiento de los sistemas democráticos.
La participación y el consenso deben ser los ejes institucionales del sistema estadístico. Para ello, los contenidos seleccionados deben ser relevantes para la sociedad, en cada momento histórico y tienen que servir para guiar la marcha común hacia un futuro superador de injusticias y desigualdades.

Prioridades y datos

En este momento la reducción de la pobreza es una prioridad absoluta en nuestra sociedad. Es de un orden moral sagrado terminar con urgencia con las formas espantosas de miseria que se encuentran a lo largo y lo ancho de nuestro país. Hay que rescatar a los niños de las garras del hambre, de las plagas endémicas, de una educación tan enclenque como los mismos párvulos.
Para hacerlo eficazmente se necesitan datos. Saber cuántas son las victimas del atroz flagelo de la marginación, cómo son las condiciones en que se manifiesta la indigencia y dónde se encuentra tanta desdicha.
Por otro lado, en este dualismo contradictorio, también es preciso conocer los recursos disponibles, la riqueza y los medios que se pueden movilizar. Porque la desigualdad no surge solamente de la presencia de los pobres. Hay desigualdad porque algunos, felizmente muchos, no son pobres. Y deben ser solidarios, a través de un Estado activo, responsable y transparente.
Un estado democrático debe describir claramente la situación, para explicar sus planes y demostrar los efectos de sus acciones. El sistema estadístico está, en consecuencia, en la primera línea de esta batalla, que debe librarse sin descanso y sin deserciones. El censista es el primero en llegar a muchos lugares necesitados del país. El avanza “en descubierta”, contando y registrando. Esas cuentas son el principio de cualquier estrategia de acción social integral.

Valor de la información

La información estadística es parte del patrimonio nacional, como la red de carreteras. Su valor es asimilable a las reservas de oro del país. Está formado por el aporte de todos los que contribuyen con su saber, a formar el gran fondo de conocimiento colectivo que permite tomar acciones mejor justificadas.
La estadística es una herramienta fundamental para apoyar la gestión pública basada en resultados. La información estadística sirve de apoyo a la gestión de las políticas públicas en todas sus etapas: desde la detección de las necesidades, el diseño, monitoreo y ejecución de las políticas, hasta la evaluación de sus resultados.
La democracia, con un sistema estadístico organizado, moderno y orientado a la demanda, puede alcanzar una alta efectividad en la prosecución de objetivos como los del Milenio y aventar la nostalgia por la presunta eficiencia de los modelos autoritarios, que descalifican el debate y el consenso, en aras del oportunismo y la rapidez fundamentalista.
Las estadísticas públicas de calidad, relevantes y oportunas contribuyen al bienestar social a partir de su impacto en la eficacia y eficiencia de las políticas públicas en todos los ámbitos. En definitiva, un sector público más eficaz y eficiente puede maximizar su aporte a la solución de los problemas de los ciudadanos y dar mayor solidez al funcionamiento democrático.

Organización del sistema estadístico

La organización del sistema estadístico debe expresar un fuerte compromiso democrático, que enfatice la participación y el consenso. Que se oriente a la demanda y tenga un fuerte perfil profesional.
La alta sensibilidad necesaria para reconocer el orden de prioridad de las demandas de los usuarios, requiere el funcionamiento de órganos de intercambio, evaluación y consenso que, sobre la base de una adecuada y amplia representación sectorial y federal, legitimen las decisiones que se tomen en cuanto al alcance y la oportunidad de los contenidos de planes, programas y proyectos estadísticos.
La participación en la formulación de conceptos, categorías y procedimientos de medición es una condición necesaria para la aceptación de los indicadores y su empleo en las diversas instancias de negociación en que participen los actores sociales mencionados, lo que enriquecerá sin duda, los debates y fomentará soluciones consensuadas.
Por otro lado, nuestra organización federal se expresa plenamente en materia estadística, que le ha sido reservada en la Constitución a las provincias. Para valorar debidamente la importancia del federalismo para el éxito, basta mencionar el largo período transcurrido entre el IIIer. Censo Nacional de Población de 1914 y el IV° Censo Nacional de Población de 1947, durante cuyo transcurso se multiplicaron proyectos en el Congreso, que las cuestiones políticas surgidas de las transformaciones operadas en el país hicieron naufragar uno tras otro, especialmente en el Senado.

Alfabetismo estadístico

Pero las estadísticas, como producto resultante del sistema propuesto, solamente son un factor necesario del proceso de aprendizaje. El otro es la capacidad de análisis, las habilidades para interpretar los resultados, que le otorgan significado y sentido a los valores observados. Esa capacidad, esa forma de “alfabetismo estadístico” necesario, no es un conocimiento exclusivo, especializado o esotérico. Por lo contrario, debe constituir una parte fundamental de la educación común de todos, para que cada uno pueda ejercer plenamente una ciudadanía crítica. La escuela, en todos sus niveles debe contribuir a esa formación. Y el sistema estadístico debe participar del proceso educativo a través de un centro de excelencia.
Una oferta de datos a cargo de profesionales calificados y una demanda activa y preparada para el análisis intenso de los datos, pueden conformar un círculo virtuoso, que permita el mejoramiento continuo de la base de información disponible.

La política de los grandes números

Las estadísticas oficiales incluyen trabajos que no encuentran semejanzas en el campo privado. Así, por ejemplo, los Censos no solo constituyen las mayores encuestas que se llevan a cabo en el país. Son la más grande movilización en tiempos de paz. Ese tamaño excepcional, que caracteriza a la acción pública en la producción estadística, plantea problemas que requieren una preparación especial de aquellos que deben enfrentarlos y al mismo tiempo genera serias cuestiones relacionados con la “carga estadística” y con la privacidad que debe garantizarse durante todo el proceso a los informantes.
La “carga estadística” debe ser controlada mediante la coordinación que evite la duplicación de tareas.
El Secreto Estadístico constituye la clave de bóveda de todo el sistema. Su amplio alcance y riguroso cumplimiento son imprescindibles para generar un espacio de confianza y cooperación entre los informantes y los productores.
La difusión de la información es la culminación de una larga cadena de esfuerzos y compromisos metodológicos y logísticos. Es la razón última de todo el sistema y debe estar regida por la regla de la más amplia divulgación. Esa divulgación debe asegurar la igualdad en el acceso y por lo tanto las consultas no deben ser onerosas

Conclusión

Hernán Otero denomina al período de los tres primeros censos, como la “edad del entusiasmo”. Estamos frente a un tiempo que exige una nueva “edad del entusiasmo”. La información pertinente y válida, referida a los problemas de la gente, debe proporcionar la necesaria base para la elaboración de propuestas políticas basadas en hechos y la toma de decisiones consensuadas.

05 febrero 2018

Jornada Estadística Internacional


El 31 de enero de 2017 se desarrolló en Buenos Aires, con motivo de los 50 años de creación del Instituto Nacional de Estadística y Censos, INDEC, una “Jornada Estadística Internacional”.
Durante la misma los principales responsables del sistema estadístico mundial desarrollaron en cuatro paneles exposiciones que pueden ser rotuladas como la conferencia inaugural: “Enseñanzas para una nueva ley estadística”.
Durante los últimos años se ha observado un fuerte desarrollo, por parte de las distintas organizaciones internacionales, de métodos y modelos de organización institucional y de mejora de procesos para la producción de las estadísticas públicas. Esos avances aparecen sintetizados en un conjunto de documentos entre los cuales cabe mencionar el titulado “Generic Law of Statistical System”.
Esos avances son de gran utilidad y valor ya que señalan con claridad componentes que deben ser necesariamente incluidos en un diseño moderno, compatible con los estándares mundiales en uso.
Si tuviéramos que sintetizar en grado extremo las ideas fuerza que articulan los esquemas propuestos, podríamos elegir dos palabras: independencia y profesionalismo.
Ésas ideas expresan la importancia de mantener los procesos de medición estadística libre de influencias intencionales de los factores de poder y al mismo tiempo asegurar que en esos procesos se pondrá en práctica el mejor conocimiento disponible.
*****
La pregunta que surge de inmediato es: ¿ese enfoque es también suficiente, además de necesario? Dicho de otra manera, ¿el sistema configurado incluye todos los componentes que intervienen en el proceso de producción de las estadísticas públicas?
Para identificar la posible ausencia de algún factor, es conveniente volver a observar los que aparecen claramente incorporados y resumidos en los dos conceptos de independencia y profesionalismo.
Frecuentemente la independencia se identifica con la capacidad de la organización estadística de resistir la injerencia política, casi exclusivamente. No se pone la lupa sobre las eventuales maniobras de otros factores de poder.
Es conveniente detenerse en las relaciones entre la política y las estadísticas públicas. Se hace evidente a poco andar en esa relación el fuerte vínculo y la inevitable interacción que debe existir entre ellas. La base de esa relación es la dependencia burocrática que las vincula.
Por otro lado, hay una necesidad mutua, considerando que la finalidad de las estadísticas públicas es ser utilizadas en el proceso de definición y evaluación de las políticas. Hay una demanda, originada en la política y en sus objetivos, y una oferta, producida por la organización estadística. Ambas deben articularse en una agenda de resultados y un presupuesto de recursos, que expresan el balance entre los requerimientos y los productos obtenidos.
Usuarios y productores, demanda y oferta, son los factores dinámicos que determinan la actividad del sistema estadístico y su adecuada configuración.
En ese sentido las recomendaciones y diseños propuestos, pueden entenderse usando la metáfora que utilizó J. A.  Mejía en la jornada de Buenos Aires. El señaló que los aspectos organizativos y de procesos son como el hardware del sistema. Parece necesario agregar a esto el sistema operativo, que deja disponible para su uso el equipamiento elegido.
¿Qué más es necesario? ¿Cuál es ese faltante local que no puede ser incluido en un diseño estándar, o genérico como se denomina en la terminología en uso sobre administración estadística?
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Para interpretar esa situación nada mejor que volver a considerar el singular período por el que atravesó el sistema estadístico argentino, entre 2007 y 2015. ¿Acaso es posible pensar el diseño del sistema, sin tener en cuenta esos acontecimientos? ¿Por ejemplo, ¿alcanza poner el énfasis de manera excluyente en la independencia y el profesionalismo, como si eso sólo, por sí mismo, pudiera evitar la repetición de los abusos sufridos?
Porque mientras no se redefina independencia y se la siga interpretando como mera defensa contra la mala política, no habrá lugar para la sana interacción entre la estadística y la buena política.
La efectividad del aislamiento, el “efecto muralla china” puede evitar la injerencia, pero también impide el libre intercambio con amigos y aliados de la “buena política”, que en un clima de confianza debe impulsar el mejoramiento y desarrollo de la información estadística.
Tampoco servirá que se entienda por profesionalismo sólo la capacidad técnica pretendiendo que por sí constituya un blindaje. Está claro que un profesional, en cualquier disciplina, está obligado a emplear las mejores prácticas disponibles, por lo cual estará sujeto al juicio de quienes están calificados para ello, como son sus otros pares en la materia.
Pero no termina ahí su responsabilidad profesional. También deberá responder por un conjunto de valores éticos que configuran precisamente su perfil profesional. Ésa trama de valores, que atraviesa en muchos casos las decisiones que toma durante el desarrollo de su práctica, deberá ser analizado, evaluado y eventualmente penalizado por tribunales éticos que deben dilucidar si se ha incurrido en alguna falta.
Nada de eso se dice de manera específica, aunque se sobrentiende que es un factor que se supone existente en el ámbito en el cual tomen cuerpo las recomendaciones de carácter estándar o general. No se dice en la versión estándar porque son factores propios de cada lugar y de cada momento histórico. Constituyen la idiosincrasia nacional, que configura el contexto general de la actividad, tanto público como privado.
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Un país como el nuestro que ha sufrido un agravio tan grande, resulta sospechoso de presentar alguna anomalía que ha hecho posible que ocurrieran esos hechos. Si no existiera una condición particular, ¿cómo se puede entender que una sociedad que aparentemente funciona bajo un régimen de elecciones libres puede haber tolerado la destrucción del sistema que proporciona las señales para conducir al gobierno y registrar los resultados donde lleva su política?
La existencia de dicha anomalía, la cual no pudo ser ni prevenida ni corregida por el antiguo régimen, implica la necesidad de buscar cuál fue la falla, que permitió que el sistema fuera pervertido.
Esa identificación resulta bastante inmediata. Basta considerar solamente dos aspectos de la ley de creación del INDEC.
En primer lugar, se encuentra que originalmente el INDEC integraba lo que se identificaba como Sistema Nacional de Planeamiento, al cual se relacionaba por su dependencia del CONADE (Consejo Nacional de Desarrollo). De ese Consejo emanaban las directivas sobre el contenido de los planes y programas del SEN (Sistema Estadístico Nacional).
Al subsistir como un organismo residual el INDEC derivó por diversas dependencias del Poder Ejecutivo, recalando en la actualidad como un órgano de tercer nivel en el Ministerio de Hacienda de la Nación. Esa ubicación resulta a todas luces la menos indicada en términos de independencia, habida cuenta de la naturaleza de los indicadores que elabora el Instituto, como los diversos índices de precios, así como los indicadores de actividad económica, entre ellos el producto bruto interno.
Podrá argumentarse que si se le atribuye autarquía al INDEC esos riesgos se verán reducidos. Sin embargo, no se puede desconocer la diversidad de recursos que tiene el orden burocrático para penetrar en las dependencias e influir en su desempeño.
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Queda así planteada la necesidad de establecer un sistema de pesos y contrapesos que proporcionen formas dinámicas de interactuar con los poderes, sin resignar las exigencias de las buenas prácticas ni los comportamientos éticos que implican un auténtico profesionalismo responsable.
El profesionalismo responsable significa que el proceder de un integrante está sujeto a la vigilancia, pero también cuenta con el apoyo y la protección, del régimen profesional al cual pertenece, y en consecuencia cualquier intento de atropello sobre uno solo significa el desconocimiento del régimen al cual ajusta su conducta.
Si el país aspira a avanzar en el camino de mejores estadísticas que sirvan para la aplicación de políticas basadas en la evidencia, deberá salir del encuadre reduccionista con el que hasta ahora se piensa el sistema estadístico. Tendrá que reconocer que dicho sistema es mucho más que la agregación del INDEC, las direcciones estadísticas de las provincias, las oficinas estadísticas de los Ministerios y otras, en el servicio estadístico público.
La cultura es la información transmitida por aprendizaje social. Como una parte destacada de la cultura, el sistema estadístico debe incluir, por ejemplo, la comunidad de usuarios, el Poder Legislativo, los medios de comunicación y, sobre todo, una acción educativa que sirva al desarrollo de la cultura estadística de la ciudadanía.

Buenos Aires, febrero 5 de 2018

14 noviembre 2017

Un extraño Club, la curiosidad amistosa y una conjetura final


Sólo creo en Dios, todos los demás ¡traigan datos! (Deming)
Amigo mío:

Me pides que te cuente que es el Club Político, para que nos encontramos, que es lo que hacemos, qué cosas son las que buscamos.
Parece asunto simple de desenredar, sin embargo a duras penas puedo decirte qué buscaba cuando vine y que no encontré todavía.
Entre otras, está mi dificultad para salir del egoísmo que me haría hablarte más de mí que del club que es el objeto de tu pregunta.
Encuentro en Borges, en su espíritu mágico y profundo, lo que me parece que está en el origen de los clubes políticos. No son ni más ni menos que conspiradores, participantes en una conjura, en alguna conjura, ¡vaya a saber cuál conjura!
Porque efectivamente son “hombres de diversas estirpes, que profesan diversas religiones y que hablan en diversos idiomas”
Sobre lo que no tengo certeza es que efectivamente vayan a “tomar la extraña resolución de ser razonables”
Tampoco me parece, pero esto no me parece malo, que hayan “resuelto olvidar sus diferencias y acentuar sus afinidades”.
Lo que sí me parece que todavía les cuesta es aceptar “que todas las empresas del hombre son igualmente vanas”.
A pesar de mi escepticismo que no puedo negar, creo que en algún lugar (que no se si es donde le gustó ubicarla a Borges, allá, en las tierras altas de Centroeuropa) “crece una torre de razón y de firme fe”.
Antes de buscar ayuda, tengo también que adherir simultáneamente a la duda y a la esperanza: “acaso lo que digo no es verdadero, ojalá sea profético”
Dejando descansar a Borges en su patria ginebrina con su referencia a la ignota conjura de 1291, busco ayuda un poco más cercana. Tengo otro amigo que según recuerdo me hizo comentarios, que pueden serte útiles, como lo fueron para mí, cuando los escuche hace mucho tiempo.
EL decía o, peor aún escribió, que los Clubes políticos son “soporte de una afirmación -individual, grupal, comunitaria- provocada por una carencia social, cuya abolición se constituye en razón de su identidad y/o por el cumplimiento de una expectativa común, que hace de la intervención pública el horizonte de un destino en el que lo personal y lo colectivo encuentran simultánea realización”. En su castellano peninsular, describe una visión de grandeza y una misión de solidaria constitución.
Pero a renglón seguido advierte, sobre el peligro más grande que amenaza aquellos propósitos.  Tanto le avergüenza lo que va a decir que lo atribuye a terceros “confinados en la desalentadora contemplación de lo que son los clubes políticos” (hechos en su tiempo y en su tierra). Esos son los que consideran a los clubes “expresión culminante de la fatalidad pequeño-burguesa, como dóciles y seguros instrumentos de autopromoción de su(s) gestor(es) y como vehículos exclusivos del impune acrecentamiento de su notoriedad y haberes”. Y agrega, advirtiendo su extrañeza porque:
“la realidad histórico-política no se agota en la peripecia [de su tierra], de los tempranos ochenta, en torno al poder, sus inquilinos y sus aspirantes”.
Los clubes traen en su currículo algunos antecedentes que son impresionantes. Nada menos que la Revolución Francesa los tuvo como focos de agitación intelectual y les dio su perfil definitivo. El texto que sigo recuerda que “los clubes populares, en numerosas regiones francesas, son los agentes más vivos y pugnaces de una voluntad de transformación política que no quiere ponerle puertas a su campo. La convención es, al mismo tiempo, figura y cúpula de un vastísimo entramado de más de 1.900 sociedades locales y de cerca de 21.000 comités de vigilancia, sin los que no puede entenderse el múltiple y agitado proceso de cambio de aquellos años cenitales.
Para entender el presente. El tiempo presente y el Club presente, puede servirnos la taxonomía que propone:
1. Clubes filiales de los partidos
2. Clubes ideológicos animados por una personalidad política más o menos independiente de los partidos
3. Clubes de reflexión y análisis de orientación metapartidista
4. Clubes de intervención social
El destino del Club parece depender de la capacidad diferenciadora de su identidad, de la adecuación de su respuesta a las expectativas e intereses que encara y de los medios que puede movilizar. Y esos equilibrios son interactivos y dinámicos.
Antes de terminar, debo confesarte que, sin pretensión de generalidades, solo para el aquí y el ahora, en esta geografía argentina y en este particular tiempo histórico y político, encuentro algunas oportunidades y desafíos que el Club debe aprovechar y responder.
 Hoy leí en el correo de un socio que somos un “club de la polémica”. Le agradezco haberlo dicho. Porque refleja lo que siento cuando se anima nuestra lista de correo. Se enciende la polémica. Surgen espadas filosas, ocurrentes, irónicas que, a veces, terminan ensangrentándose. Es la idea de ganar que tiene cierta retórica extrema. ¿Es inevitable? ¿Acaso no nos encontramos en ningún plano de intereses comunes? ¿Tenemos que ganarnos unos a otros? ¿Cuál es el poder que se disputa? ¿Esa es la idea de diálogo?
Creo oportuno detenernos un poco en la polémica. Etimológicamente "perteneciente a la guerra". Es el producto confrontativo de la retórica, arte de persuadir y de conmover. “La naturaleza misma de la deliberación y de la argumentación se opone a la necesidad y a la evidencia, pues no se delibera en los casos en los que la solución es necesaria ni se argumenta contra la evidencia. El campo de la argumentación es el de lo verosímil, lo plausible. lo probable, en la medida en que este último escapa a la certeza del cálculo”.(Perelman, Ch., Olbrechts.tyteca, n.d.)
Al respecto creo que polemizar no es lo único posible. Hay oportunidades de correr los límites de la discusión política clásica, incorporando modos de argumentación y de análisis que saquen mayor provecho de la información.
Para ello puede servirnos aceptar el enfoque de Gonseth “El progreso real de la ciencia no es un paso de certeza en certeza, de realidad en realidad, sino un paso de una evidencia provisional acumulativa a una ulterior evidencia provisional y acumulativa" Citado en (Perelman, Ch., Olbrechts.tyteca, n.d.)
Creo que el Club podría hacer un aporte sustancial a la práctica democrática fomentando este “giro retórico”.
Esos modos de interactuar, permitirían elaborar consensos sobre aspectos de la política que solamente aparecen diseminados y fragmentados en nuestra correspondencia actual. En ese sentido hay cuestiones que están pasando institucionalmente y que reclaman atención.
Prácticamente desde mi ingreso al Club, he comentado la conveniencia de poner atención en las instituciones estadísticas involucradas en la producción, el análisis y la educación. Las respuestas fueron diversas, desde las silenciosas, animosas, prometedores, hasta las irónicas.
No he hecho más que agregarme a la secular secuencia de impulsores de la estadística, que se inicia con Rivadavia en los albores de la Revolución, sigue con sus directivas de 1820 y llega hasta su presidencia. Alberdi recupera esa impronta, y además de incluir el Censo como herramienta de la representación, reclama claramente un lugar para la ciencia:
“¿Sería ley la voluntad de un Congreso, expresión del pueblo, que, teniendo en vista la escasez y la conveniencia de brazos, ordenase que los argentinos nazcan con seis brazos? ¿Sería ley la voluntad general, expresada por un Congreso constituyente, que obligase a todo argentino a pensar con sus rodillas y no con su cabeza?”(Alberdi 1915) Y agrega citando:
 «Fatal es la ilusión en que cae un legislador, decía Rivadavia, cuando pretende que su talento y voluntad pueden mudar la naturaleza de las cosas, o suplir a ella sancionando y decretando creaciones»
A veces da la impresión que, tanto a los analistas como a los funcionarios, solamente los conmueven los sondeos de opinión que algunos, muy ligeramente, califican como científicos. Un antecedente de aplicación de los análisis académicos a la política, se lo debemos al senador americano Moynihan. El decía: “Todos tienen derecho a su propia opinión, pero no a sus propios hechos”. 
Así llegamos a este presente, con interrogantes que responder, decisiones que tomar y acciones que desarrollar.
No está en mi ánimo alimentar críticas ni formular pedidos.  Me limito a describir hechos y comentar que, a mi modesto entender, en el Club nos debemos una reflexión sobre nuestras circunstancias y nuestros anhelos, dándole densidad a nuestra actividad y fortaleciendo los vínculos con la sociedad y la ciudadanía.
Te agradezco la paciencia y tu interés, afectuoso e inteligente. Antes del punto final, quiero repetir, una vez más,  la conjetura prospectiva de H.G. Wells:
“Llegará el día en que saber estadística, será tan importante para la ciudadanía, como leer y escribir”






18 septiembre 2017

Una sociedad de herederos



"Los hombres construimos demasiados muros
y no suficientes puentes."

Korzybski llamó la atención sobre la característica actividad humana de transmitir experiencia entre una generación y otra, especialmente mediante el uso de símbolos. Ese proceso acumulativo y educativo está detrás de la frase atribuida a Newton, cuando mencionó: "Si he logrado ver más lejos, ha sido porque he subido a hombros de gigantes".
Cada tiempo ha recibido un legado del pasado.
Todos somos herederos. Desde nuestro ADN y el lenguaje, hasta las características culturales y los bienes o deudas que recibimos de los antepasados.
Hoy estamos en una situación en que el factor hereditario, contribuye a profundizar la brecha que la desigualdad ha abierto en el cuerpo social.
Ya no se trata solamente del reparto de la riqueza, naturalmente influenciado por los mecanismos de la herencia.
Ahora estamos frente a dos procesos de reproducción que consolidan y acentúan diferencias entre los afectados por uno u otro de ellos.
Podríamos decir que hay un proceso de herencia de la riqueza y otro de herencia de la pobreza.
La herencia de la riqueza, sigue las reglas sucesorias conocidas: de una generación a otra se transmite la posesión de bienes y derechos, lo cual otorga a los beneficiarios ventajas sociales y económicas. Pero además de la transmisión de fortunas, la pertenencia al sector caracterizado por las ventajas sociales, hace que sus miembros dispongan también de mejores oportunidades educativas y laborales. Aún desde antes de recibir su cuota parte de los bienes y fortuna, ya han recibido los beneficios de un sistema de relaciones favorables, escuelas de calidad y empleos ventajosos, logrados por contar con preparación y buenas referencias.
En una sociedad dinámica y progresista, los resultados de ese mecanismo hereditario, genera diferencias iniciales, en la competencia social, que pueden ser atenuadas o compensadas, mediante otros factores que reconozcan los atributos y el esfuerzo personales. Por ejemplo, el reconocimiento de los méritos, es una vía para eludir el fatalismo hereditario.  Sin embargo, no se puede desconocer, que librarse de los condicionamientos del status quo, requiere un esfuerzo adicional, para aquellos que no son beneficiarios del mismo. Dicho de otra manera, las ventajas de nacimiento influyen siempre.
El otro proceso hereditario, no transmite las riquezas o ventajas, sino las carencias y desventajas. La pobreza estructural, que se reproduce de una a otra generación, se ha transformado en una condición hereditaria, con todas sus consecuencias.
No es la pobreza en una sociedad con movilidad. Con "capilaridad social", para dar una imagen de oportunidades de ascenso. Una sociedad en que la escuela pública iguale en un aula con guardapolvos blancos y estimule la sana competencia del mérito.
Llegar al punto de la pobreza hereditaria, tiene una gravedad enorme.    ¿Qué significa? Es la inmovilidad que apresa el futuro en el núcleo duro de la pobreza. Todas las vías de salida están cerradas y solo queda un futuro desesperanzado de pobreza inevitable.
Tal vez alguien diga que siempre ha existido un grupo en esas condiciones. Pero no sin salida ni tampoco con el tamaño actual.
¿Qué futuro tiene una sociedad de herederos de las características descriptas?
No hay futuro porque esta sociedad es inviable. Una sociedad existe porque sus miembros comparten la búsqueda del bien común. Porque entienden que cada uno puede sumar al proyecto común y al mismo tiempo compartir sus beneficios. Porque al transcurrir el tiempo producen una cultura.
Sin embargo, ese supuesto básico se rompe cuando se excluye un grupo, al cual además los hechos permiten que la exclusión sea para siempre, para sus hijos y sus nietos. Una sociedad de castas. Una versión de los parias de la India, en pleno siglo XXI.
En ese escenario, el futuro previsible solamente permite anticipar violencia. Violencia para sostener una situación injusta o violencia para cambiarla.
Con ese estado de cosas como base, los intentos de mejoramiento institucional, deben tener en cuenta que la fractura mencionada, excluye a una parte, presente y futura, de la sociedad. Los altos valores que convoca el desarrollo republicano quedan postergados por las crueles urgencias de las necesidades básicas, que Maslow representó en la base de su pirámide motivacional.
Por esa razón la prioridad son la reducción de la pobreza y la desigualdad. No alcanza reducir o eliminar la pobreza. Hay que reducir la desigualdad, para que sea estímulo y no factor de desaliento y germen de violencia.
Esa persistente pobreza no solo refleja la dolorosa situación en que están sumergidos millones a nuestro lado. También refleja la pobreza de los no pobres. Aquellos que aceptamos convivir con semejante situación con tolerancia resignada o egoísta, según sea el caso.
Un sistema político republicano y democrático, requiere el desarrollo de una ciudadanía activamente participante y solidaria para que cuaje aquel tridente esperanzado de libertad, igualdad y fraternidad.
Cuanto una parte importante de la ciudadanía está sometida a privaciones, peligran las formas de participación política. Los procedimientos de representación abiertos, transparentes y responsables, derivan en modos contestatarios, distintas formas antisociales vecinas al delito, manejos prebendarios que controlan la libre elección política o, lisa y llanamente, la violencia.  
  BUENOS AIRES, 3 de Julio de 2014.





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