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30 agosto 2014



Una Estadística Post normal.


De cerca, nadie es normal. (G. Veloso)

La Estadística aparece siempre vinculada a la idea de normalidad, que se refleja en el orden simétrico y acampanado de la curva de Gauss.
Esa hegemonía conceptual del modelo gaussiano ya fue desafiada por varias vías, desde fines del siglo pasado. Las sistemáticas asimetrías del universo paretiano en la economía, el giro copernicano impulsado por el método de Montecarlo y el análisis exploratorio de datos, abrieron las puertas a un nuevo paradigma metodológico, centrado en los datos.
Esa interpretación endogámica de "post normalidad" ya ocurrió y lentamente se va convirtiendo en la estadística normal, en el sentido de Kuhn. Es la estadística que "hacen la mayoría de los estadísticos, la mayor parte del tiempo".

Una "estadística ampliada"

La estadística post normal a la que nos referimos en esta nota va mas allá. Es un nuevo corrimiento paradigmático, que parte fundamentalmente de la emergencia de una “estadística ampliada”, donde se incluyen las articulaciones sociales entre usuarios, productores e informantes, las tensiones entre los valores comprometidos y las formas de decisión colectivas, propias de sociedades democráticas.
Ese corrimiento es paralelo a la ciencia “post normal”, en el sentido de Funtowicz y Ravetz. Esa ciencia que se aleja del modelo cartesiano tiene el eco del trabajo seminal sobre la ciencia moderna realizado por Kuhn. Para él, la "ciencia normal" hace referencia al modo habitual de resolver enigmas, rutina a través de la cual la ciencia avanza firmemente entre sus revoluciones conceptuales.
El medio ambiente y el campo de las decisiones políticas han planteado una nueva clase de problemas desafiantes, caracterizados por «factores que son inciertos, valores en disputa, riesgos altos y  decisiones urgentes». Un espectáculo estrepitoso, distante de la calma, casi litúrgica, del laboratorio.
Entre todos los componentes de esta visión, la diversidad de legitimas perspectivas que se manifiestan frente a los mismos problemas, es tal vez el rasgo sobresaliente del clima social.
Las cuestiones del medio ambiente: cambio climático, calentamiento global, efecto invernadero, polución ambiental, son ejemplos claros del tipo de desafíos que debe enfrentar la ciencia post normal.
Este cambio “en progreso” nos da la esperanza de que los gigantescos problemas que aquejan a nuestro país, puedan ser abordados con herramientas adecuadas desde el punto de vista del conocimiento disponible y acordes con el proceso democrático de toma de decisiones.

¿Que habría que hacer?

Poner en práctica este nuevo paradigma requiere un esfuerzo sostenido y un programa de acción consciente.
Se necesitan un INDEC que no se reduzca a una tecnocracia eficiente, una clase política con capacidad de análisis y de comunicación y una sociedad dispuesta a interpretar y decidir con criterio informado.
No es un plan para 2 ni 5 años: es un proyecto para 30 a 50 años.
El programa a desarrollar incluye instituciones, planes de estudio, regulaciones profesionales, participación social activa, amplia difusión de la información. Todas ellas acciones sostenidas por un cambio de actitudes, cultural, que privilegie la evidencia, socialmente convalidada, por encima de ideologías, dogmas o prejuicios.
Por ejemplo, el INDEC debe tener como objetivo la producción de datos con un nivel de calidad certificado. El concepto de calidad de la "estadística ampliada" debe incluir no solo precisión y validez, sino también relevancia y oportunidad.
Mientras la precisión y la validez, tienen que ver con la eficiencia y están vinculadas a los procesos internos del sistema estadístico, la eficacia se sostiene en la relevancia y oportunidad de los datos. La eficacia será apreciada por los dueños del problema sustancial. Por ese motivo, el servicio estadístico nacional debe incluir las voces de usuarios - públicos y privados-, y de informantes en su estructura orgánica y funcional.
La forma institucional del régimen estadístico debe ser propicia para el desarrollo de metodologías de trabajo "abiertas" en los principales aspectos que condicionan el "pedigree" de los datos: definiciones y estándares, recolección de datos y análisis, cultura institucional y auditoria y control.
Hoy estamos en presencia de una diversidad de fuentes que no dialogan entre sí. Eso debe terminar. No la diversidad, que es una característica valiosa, sino el aislamiento y la falta de dialogo.

Reporte de daños

La ficción estadística inaugurada en 2007, ha dejado brechas abismales entre la realidad y el relato.
Todos los meses recibimos el índice del Congreso y el Índice del INDEC. ¿Cómo resolver el dilema que se plantea? La tasa anual de variación de los precios ha sido, en junio del 21,9% para el INDEC y del 39,91% para el Congreso. ¡Una diferencia del 82%! Dos poderes del mismo gobierno se contradicen sin ruborizarse.   
El crecimiento del PBI se ha exhibido con orgullo durante la primera década del siglo, convirtiéndolo en emblema de una sociedad en camino acelerado hacia la felicidad. Sin embargo hay otras opiniones también en este aspecto.
Aplicando la misma metodología que se usó durante 25 años, a partir del momento de la intervención del Gobierno en el INDEC, se advierte que el crecimiento acumulado en el período 2007-2012 fue de 15,9% (un 3% de tasa anual de suba del PBI), "lo que marca una desaceleración muy notable con relación al 47% de crecimiento de 2002-2007 (con un nivel anual de incremento del 8,5%). En la versión del INDEC, la suba en esta segunda fase fue del 30% (5,3% anual). Y ese índice aparente se usó para aumentar el pago de la deuda...
Mientras tanto, la que no cede es la desigualdad, que se ha mantenido bien alta, con un coeficiente de GINI superior al 40%.  A pesar de los discursos, la concentración resiste exitosamente.  
La pobreza, la forma más visible de la desigualdad, también recibe miradas divergentes. Mientras el Gobierno dejo de informar el Índice de Pobreza, ex-técnicos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) elaboraron un informe en el que revelan que la pobreza en Argentina llega al 36,5% (15,4 millones de argentinos). El Observatorio de la Deuda Social presenta un cálculo que se ubica entre el 25,6% y el 27,5%. Todos por encima de los registros observados durante la convertibilidad. Hay poco para festejar en ese rubro.
También se argumenta que nunca fue mayor el presupuesto destinado a la educación, que en la actualidad no puede ser inferior al 6 por ciento del PBI, de acuerdo con la Ley de Financiamiento Educativo (Ley N° 26.075 promulgada en 2006) y según cifras oficiales hoy se destina el 6,5 por ciento del PBI al sector.
Pero al mismo tiempo los resultados PISA nos muestran en el fondo de la lista. En 2012 el país se ubicó en el puesto 59 entre 65 naciones, cayendo una posición con respecto al 2009. En materia de equidad, se puede ver que Argentina disminuyó considerablemente la desigualdad entre 2006 y 2012, pero para ello no sólo mejoró el rendimiento de los de abajo -que pasaron de 249 puntos en 2006 a 292 en 2012-, sino que también empeoró el de los de arriba -que descendieron de 508 a 488. Es decir que igualamos hacia abajo. En consecuencia hoy las empresas ya tienen dificultades para conseguir personal calificado. Y los NI-NI son una parte de la pobreza transgeneracional que se ha instalado como una realidad, triste y difícil.
"Brasil está mejor preparado para entender el desempeño del sistema porque tiene múltiples evaluaciones a lo largo de la escuela. Hay una década de datos de evaluación. Entonces, ellos pueden identificar a qué sectores y escuelas les va bien y a cuales les va mal. En Argentina no existe un sistema de evaluación semejante. Lo más parecido son los ONE (Operativo Nacional de Evaluación), que realiza el Ministerio de Educación cada tres años y cuyos resultados se publican varios años después".
El empleo presenta también alarmantes características, que no son medidas con la debida seriedad. La desocupación del 7,1 y la subocupación con el 7,8 forman el núcleo duro de casi un 15% de la PEA sin empleo o con empleo insuficiente. Pero esa cifra está bajo el efecto de los planes sociales, que es difícil de aislar. Hay gente que no quiere empleo en blanco para no perder los planes sociales. Y otros aparecen ocupados en cooperativas, que son un medio para percibir planes sociales.
El empleo en negro alcanza al 44% de los trabajadores, que quedan fuera de la protección legal. Estando fuera del sistema, sus remuneraciones son arbitrarias y la inestabilidad es muy grande. En resumen, más del 60% del trabajo en Argentina está fuera del régimen legal y excluido de la seguridad social, sufirendo diversos  grados de otros problemas. 
Los ejemplos mencionados ponen de relieve la complejidad de la crisis que debemos enfrentar. Un sistema de información desquiciado y anárquico, actores políticos que esgrimen los datos como primitivas armas arrojadizas y recitan un discurso plagado de "palabras como puños", una lamentable situación social donde la pobreza y la desigualdad corroen las bases de la convivencia y una escuela que ofrece cada vez menos oportunidades de desarrollo personal, de inclusión y de participación.

Camino adelante

Es  necesario emprender un camino de transformación en cuyo recorrido la "estadística post normal" constituye una herramienta insustituible y una pieza necesaria, junto con la política basada en la evidencia, en la marcha de una sociedad comprometida con la mejora continua de su condición y el desarrollo humano de la población.
BUENOS AIRES, julio 26 de 2014.

Dr.Hugo Oscar Ambrosi
GEPE - CPA
      

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