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08 julio 2016

DEBEN CASTIGARSE LA ESTAFA Y EL ROBO


Se repite hasta el cansancio, en Buenos Aires y en Roma, que debe castigarse la corrupción. Sin embargo, me parece que se pierde la perspectiva de los hechos, dentro de un formalismo que, a título de aferrarse a la legalidad republicana, pasa por alto que se trata de un modus operandi desenfrenado, que ha atravesado los límites del propio sistema, mediante la práctica desenfadada de la estafa y el robo sistemáticos.
La corrupción es un proceso secundario que ataca al principal y lo degrada. En cambio, la estafa y el robo se constituyen en objetivo propio y fundamental. No son algo accesorio, que se desarrolle parasitando una función principal, desviándola, sino que la somete y la pone a su servicio, la esclaviza, obligándola a renunciar a su propio desarrollo para ceder todo al régimen de expoliación, que es el dominante.
¿Cómo sancionar la desmesura de violencia y latrocinio que impuso el régimen K?
¿Qué pasa cuando el orden republicano resulta violado más allá de lo previsto en la tipificación penal?
¿Qué hacer…
…cuando la creatividad del delito se adelanta a la capacidad de las reglas para desalentarlo y, si se produce, castigarlo?
… cuando el poder del Estado es utilizado no solo para tiranizar o someter, sino para defraudar y robar?
… cuando se hace de la mentira un dogma?
La organización en banda para la acción ilícita, que describió tan bien E. de la Boetie en su discurso contra uno, es tan eficiente que tiene la capacidad de legalizarse, siendo esencialmente ilegitima, mediante elecciones amañadas y una deriva que la sustenta en modos callejeros de representación, con que se expresan ruidosas minorías.
¿Pueden los tribunales ordinarios, aplicando las reglas comunes, dar cuenta de tamaño desenfreno, que se ha cargado jueces y fiscales y ha reclutado adictos diestra y siniestra?
Sin un compromiso activo y visible de la sociedad, respaldando los procesos, parece difícil.
El país pudo juzgar y castigar los crímenes terribles cometidos por la dictadura militar. Ahora debe demostrar la capacidad de juzgar y sancionar los terribles actos de lesa humanidad cometidos durante el régimen kirchnerista.
Un régimen que fue un icono de la hipocresía y pretendió que se viera la grandeza y bondad que construyo con apariencias sobre sí mismo, propagándose como ejemplo y pretendiendo o pidiendo que se actuara de la misma forma, además de que se glorificara su accionar, aunque sus fines y logros estuvieron alejados de la realidad.
Un régimen cuyos medios fueron la mentira, el robo, la persecución y las consecuencias: una pobreza cínicamente conservada y aumentada, una población engañada y escarnecida, violentando no solo el sentido común, sino los propios sentidos y la inteligencia, mediante la negación de la evidencia, con la profanación de las estadísticas públicas y la persecución de la prensa.


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